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La salida del Sol detras de la Tierra con la fina linea azul de la atmosfera muy visible / Sunrise behind Earth — the thin blue line of the atmosphere clearly visible (Pixabay /NASA)

Diseñando Culturas Regenerativas -Introducción

No sé a ustedes, pero a mí me decepcionó la forma que tuvo la humanidad de entrar en el nuevo milenio. No me refiero a los últimos 15 años. Mirando atrás, esos años podrían resumirse con la expresión «el vaso está lleno». La mitad del vaso está llena de discursos de esperanza y de bondad humana, y la otra mitad está llena de un sentimiento de desesperanza por lo que seguimos haciéndonos unos a otros y lo que seguimos haciendo a la Tierra. No me refiero a esto: me refiero al comienzo justo del milenio.

Tuvimos una oportunidad, como especie, como humanidad, para aunar esfuerzos, reunirnos y reflexionar sobre el discurso tal como ha sido hasta ahora, hacer un balance de la situación, prestar atención a lo que realmente queremos para nosotros mismos y para nuestras familias, para los lugares y las comunidades que nos importan. Un proceso de este tipo, de escucha o de atención más profunda y de planteamiento de cuestiones importantes, hecho entre todos, podría haber ayudado a crear una base para visualizar juntos el futuro ‒un futuro que a todos nos gustaría crear como una única familia humana‒.

Así fue: tuvo lugar la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, que dio a nuestra especie un «suspenso» bastante alarmante en administración planetaria; también hubo los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que llegaron a acordar las Naciones Unidas. Ahora vamos a ver si logramos generar un mayor entusiasmo colectivo por los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

El proceso más esperanzador y reflexivo que tuvo lugar en vísperas del nuevo milenio, en cuanto a diálogo significativo sobre los valores y aspiraciones compartidos de la humanidad, fue la creación de la Carta de la Tierra. Lamentablemente, no muchos jefes de Estado ‒y, lo que es más importante, también demasiado pocos de nosotros‒ lo tomaron en serio o le dieron la importancia que merecía. En líneas generales comenzamos el siglo XXI simplemente con «lo mismo de siempre», en lugar de iniciar un diálogo intercultural global sobre las realidades de mayor alcance de la convivencia en un planeta finito que se enfrenta a una complejidad y una incertidumbre en rápido aumento.

Empecé el siglo XXI con un compromiso conmigo mismo. Iba a hacer lo posible por formar parte de la solución y no del problema. En un primer momento esto me llevó a matricularme en el Máster en Ciencias Holísticas del Schumacher College, lo cual condujo a la obtención de una beca de la Universidad de Dundee, donde escribí mi tesis doctoral sobre Diseño para la salud humana y planetaria, explorando una perspectiva participativa sobre la Complejidad y la Sostenibilidad.

En 2006 visité en su casa de Oberlin (Ohio) al profesor David Orr, que había sido miembro de mi comité de tesis doctoral. Le entrevisté sobre su forma de ver el Diseño Ecológico como disciplina integradora que podría permitir la transición a la sostenibilidad. Él plantó la semilla de este libro en aquella conversación.

Sugirió que para lograr crear juntos («co-crear») un discurso con significado suficiente como para guiarnos a través de la transición…

«vamos a tener que decidir no sólo cómo nos convertimos en sostenibles, sino también por qué se debería sostenernos, conservarnos. Eso es algo mucho más difícil.»
— David W. Orr

En este proceso vamos a enfrentarnos a dudas mucho más profundas de significado: «¿Quiénes somos? ¿Qué somos? ¿Nuestro papel aquí, en este planeta, fue simplemente desenterrar carbono y liberarlo a la atmósfera y luego extinguirnos? ¿Era eso todo de lo que se trataba en nuestro caso?». Él añadió:

«¡Si nuestro debate no va más allá del lenguaje de la Economía neoclásica, la hemos cagado! Como no se puede defender con argumentos económicos la supervivencia humana, es necesario presentar un argumento espiritual para la supervivencia humana. Lo valemos y somos dignos de él, en este sentido más elevado.»
― David W. Orr

Necesitamos plantearnos la cuestión más profunda de por qué vale la pena nuestro sostenimiento. Nuestras respuestas conformarán el cómo planteamos las preguntas más funcionales y operativas y cómo ponemos en marcha respuestas y soluciones provisionales. Este planteamiento más profundo dará forma al cómo, a la forma en que podríamos emprender acciones inteligentes que nos ayuden a hacer la transición hacia culturas regenerativas. Empezar por el por qué nos ayudará a entender nuestra propia motivación más profunda, así como nuestro propósito y nuestros objetivos más profundos. Necesitamos cuestionar las creencias que determinan nuestra cosmovisión. Sólo empezando por el por qué vamos a ser capaces de inspirar a la gente a cambiar de comportamiento y a crear juntos (co-crear) culturas regenerativas.

Lo que importa de verdad, lo que es más urgente, es que nos reunamos para mantener conversaciones sobre el futuro que queremos para la humanidad. Necesitamos reflexionar sobre cómo vamos a tener que cambiar individual y colectivamente para crear este futuro. Planteando juntos estas preguntas es posible que podamos llegar a entender que vamos a tener que colaborar como una sola especie y aprender a trascender e incluir nuestras diferencias si queremos un futuro próspero para toda la humanidad. Necesitamos plantear preguntas importantes sobre por qué y qué pasaría si. Necesitamos redescubrir el terreno común de la comunidad humana. Esto nos permitirá crear juntos (co-crear) un futuro en el que valga la pena vivir. Necesitamos un discurso colectivo sobre quiénes somos y por qué vale la pena nuestro sostenimiento, un discurso compartido lo suficientemente fuerte como para mantenernos a todos innovadores, creativos y colaboradores mientras nos hacemos preguntas sobre el qué, el cómo, el cuándo y el dónde.

Comencé el nuevo milenio con la promesa que me hice a mí mismo de escuchar, de prestar atención con una mayor profundidad: prestar atención a por qué tan pocas personas se estaban acercando a la transformación necesaria que teníamos por delante; prestar atención a por qué se comportaban de ese modo, cómo veían el mundo, por qué tantos de sus discursos terminaban con «así son las cosas» o «la naturaleza humana es simplemente así». También me prometí a mí mismo que prestaría especial atención al tipo de preguntas que podríamos tener que plantearnos en nuestro largo viaje de aprendizaje hacia un futuro más sostenible, regenerativo y próspero.

Este libro trata de lo que he aprendido al escuchar, al prestar atención y vivir en profundidad estas preguntas. Explora cómo podemos vivir nuestro camino en lugar de conocer nuestro camino hacia el futuro, cómo podríamos dejar de perseguir el espejismo de la certidumbre y el control en un mundo complejo e impredecible. ¿Cómo podemos colaborar en la creación de diversas culturas regenerativas adaptadas a las condiciones bioculturales propias de cada lugar? ¿Cómo podemos crear condiciones conducentes a la vida?

Daniel Christian Wahl, Es Molinar, Mallorca, marzo de 2016

[Extracto de un apartado de un capítulo de Designing Regenerative Cultures (El diseño de culturas regeneradoras), publicado por Triarchy Press, 2016.]

Traducción (2018): Juan González-Castelao (con edit de D.C. Wahl) http://idiomasylenguas.wordpress.com https://juangonzalezcastelao.wordpress.com

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Catalysing transformative innovation, cultural co-creation, whole systems design, and bioregional regeneration. Author of Designing Regenerative Cultures

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