Cuidar de la Tierra es cuidarnos a nosotros mismos y a nuestra comunidad

Preocuparse por la Tierra y por el futuro común de la vida no requiere ninguna forma de espiritualidad motivada por el altruismo, una vez que somos conscientes de la interdependencia sistémica de la que depende nuestra supervivencia. La motivación que necesita la gente inteligente y consciente para transformar “lo mismo de siempre” puede ser simplemente una forma de interés propio bien entendido. Una vez que empezamos a practicar el cuidado de otros (humanos y otras especies) de la misma manera que nos cuidamos a nosotros mismos, empezamos a darnos cuenta de que la experiencia de un yo separado es una perspectiva limitada y que, de hecho, somos seres relacionales en un mundo donde todo afecta a todo lo demás y, como resultado, el cuidado de otros es el cuidado propio. La palabra “individual” nos recuerda que somos indivisibles del todo. Somos participantes del todo y de la expresión de la vida.

La manera de cuidarnos y de cuidar de nuestras familias, la manera de man- tener este cuidado y a las futuras generaciones de seres humanos es cuidando de la vida en su totalidad. Hacer uso de las enseñanzas espirituales o reconectar con losagrado para llenar esta percepción con un significado más profundo es nuestraelección, no un requerimiento. En su esencia, todas las tradiciones espirituales delmundo y los textos sagrados reflexionan sobre la cuestión de las relaciones adecua- das entre el mundo y el yo. Así que, quizás la manera de desarmar el fanatismo y el separatismo religioso podría ser revisitando estas tradiciones de sabiduría y explorando su mensaje común sobre la manera de vivir en una correcta armonía entre nosotros y con la Tierra. Nuestro futuro depende de la salud de los ecosistemas. La salud de la biosfera y el futuro de la humanidad son inseparables. Hace más de sesenta años Albert Einstein vio el desafío futuro:

“Un ser humano es parte de un todo, al que llamamos “universo”, una parte limitada en el tiempo y el espacio. Él se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sensaciones como algo separado del resto, una especie de ilusión óptica de su consciencia. Esta ilusión es una especie de prisión para nosotros, que nos restringe a nuestros deseos personales y al afecto de unas cuantas personas cercanas a nosotros. Nuestra tarea debe ser liberarnos de esta prisión ampliando nuestro círculo de compasión para abrazar a todas las criaturas vivientes y a toda la naturaleza…”

— Albert Einstein (1950)

No podemos esperar que nuestros métodos científicos nos ofrezcan pruebas irrefutables para dichas afirmaciones, ya que la idea de ser capaces de probar algo basado en datos objetivos e investigaciones es, en sí misma, parte del discurso de la narrativa de la separación. Sin embargo, podemos adentrarnos en el espacio entre los diferentes relatos y reconocer las múltiples formas de conocimiento, sin desechar laperspectiva científica reduccionista ni la perspectiva holística participativa. Si somoscapaces de no anticipar juicios desde las tendencias dogmáticas de nuestra cosmovisión dominante y de abrirnos a experimentar la realidad de una forma nueva, estas son algunas de las preguntas especulativas en las que podríamos querer vivir:

P ¿Y si la consciencia, y no la materia, fuera lo más importante?

P ¿Y si la más asombrosa innovación evolutiva y la razón de ser denuestra especie, lo que nos salva, fuera que, a través de nosotros, eltodo transformador (el Universo) fuese capaz de reconocerse y dellegar a ser consciente de sí mismo?

En The Passion of the Western Mind (La pasión de la mente occidental), Richard Tarnas(1996) exploró la evolución de nuestra cosmovisión occidental dominante y mostróque en los últimos 200 años ha surgido una perspectiva alternativa que está basada en la “convicción fundamental de que, en última instancia, la relación de la mente humana con el mundo no es dual sino participativa” (pág. 433). Desde esta perspectiva “la mente humana es, en última instancia, el órgano que posee el mundo para manifestarse” (pág. 434).

Como expresó T.S. Eliot en “Little Gidding”: “No cesaremos de explorar, y el finde todas nuestras búsquedas será llegar al lugar desde el que partimos, y conocer ese lugar por vez primera”. Así que ¿merece la pena nuestra sostenibilidad? La vida en la Tierra continuará sin nosotros. A pesar de eso ¿no será un lugar mucho más em-

pobrecido sin una especie capaz de reflexionar sobre el milagro de la evolución de lavida y capaz de fascinarse con la belleza de este precioso planeta? Tenemos que ser honestos con nosotros mismos. Incluso dedicando nuestras vidas a la creación de culturas regenerativas y de un futuro más sostenible, no estamos “salvando el planeta” o “salvando la vida en la Tierra”. Ambos continuarán mucho después de que nuestra especie se encuentre con su casi inevitable destino de extinción. Aun así, no tenemos que acelerar activamente nuestra propia desaparición, como llevamos haciendo con esfuerzos redoblados desde la revolución industrial.

P ¿No sería mejor cuidar de toda la vida y del sistema de soporte
vital planetario, de manera que se asegure que nuestra especie, relativamente joven, tenga su oportunidad de vivir hasta la madurez y la sabiduría?

Piensa en toda la creatividad y belleza que ya hemos sido capaces de expresar a través de nuestra diversidad de culturas y de su arte, ciencia, literatura, música, historias y tradiciones culturales. La humanidad ya ha creado una multitud de reflejosde lo supremo en lo íntimo. ¿No tienes también curiosidad de lo que nuestra especie podría ser capaz de conseguir si “ampliamos nuestros círculos de compasión para aceptar a todas las criaturas vivientes y al conjunto de la naturaleza”?

Al cuidar de la Tierra y de todo lo vivo, nos cuidamos a nosotros mismos. Al aceptar nuestra propia naturaleza como una expresión de la naturaleza en general, la humanidad puede convertirse en una fuerza de sanación consciente. Sin olvidar los límites de nuestro propio saber, podemos empezar a contribuir humildemente al florecimiento en lugar de al empobrecimiento de la vida. Superar el dolor y el aislamiento de la narrativa de separación implica aprender a querernos a nosotros mismos para amar la vida más plenamente. Al cocrear culturas regenerativas estamos salvando a nuestra especie de una extinción prematura y trágica. ¡Démosle a nuestra joven especie su oportunidad de alcanzar su maravilloso potencial! Imagina qué belleza podríamos cocrear. ¡Hagámoslo porla vida! ¡Hagámoslo por la belleza! Y lo más importante: ¡hagámoslo con amor,humildad, compasión y gratitud!

En su libro, notablemente comprensivo y perspicaz “La pasión de la mente oc- cidental: comprender las ideas que han dado forma a nuestra visión del mundo” elprofesor Richard Tarnas (1996), del Instituto de Estudios Integrales de California,explora cómo nuestra concepción y percepción de la naturaleza y nuestra relacióncon la naturaleza ha cambiado desde la época de la filosofía griega primitiva y alo largo de la Edad Media y el período escolástico, el Renacimiento, la RevoluciónCientífica, hasta la filosofía y la ciencia modernas.

Tarnas enfatiza que, “aunquela posición epistemológica cartesiana-kantiana ha sido el paradigma dominante de la mente moderna, no ha sido el único” y argumenta que con la obra de Goethe, Schiller, Schelling, Hegel, Coleridge, Emerson y Rudolf Steiner una epistemología alternativa consistente, pero expresada de manera diversa, comenzó a emerger basada en la “convicción fundamental de que la relación de la mente humana con el mundo natural en última instancia no era dualista sino participativa” (Tarnas,1996, p.433).

Esta forma alternativa de conocer no contradice la epistemología kantiana, sinoque la incluye y la trasciende. Reconoce la afirmación de Kant de que todo conocimiento humano de la naturaleza o del mundo está determinado, en última instancia, por principios subjetivos; “Pero en lugar de considerar estos principios como pertenecientes en última instancia al sujeto humano separado y, por lo tanto, no basados en el mundo natural independiente de la cognición humana, esta concepción participativa sostuvo que estos principios subjetivos son de hecho una expresión del propio ser del mundo, y que la mente humana es, en última instancia, el órgano del propioproceso de autorrevelación del mundo ”(Tarnas, 1996, p. 434). Tarnas explica:

“Desde este punto de vista, la realidad esencial de la naturaleza no es separada, autónoma y completa en sí misma, de modo que la mente humana pueda examinarla “objetivamente” y registrarla desde afuera. Más bien, la verdad que se despliega de la naturaleza surge solo con la participación activa de la mente humana. La realidad de la naturaleza no es meramente fenoménica, ni es independiente y objetiva; más bien, es algo que surge a través del acto mismo de la cognición humana. La naturaleza se vuelve inteligible para sí misma a través de la mente humana. En esta perspectiva, la naturaleza lo impregna todo y la mente humana en toda su plenitud es, en sí misma,una expresión del ser esencial de la naturaleza”.

— Richard Tarnas, 1996, p.434.

Al ser, somos un yo individual y una parte integral de la emergencia del todo al mismo tiempo. Esta epistemología participativa “incorpora la comprensión posmpderna del conocimiento y, sin embargo, va más allá”, ya que “se reconoce plenamente el carácter interpretativo y constructivo de la cognición humana, pero la relación íntima, interpenetrante y omnipresente de la naturaleza con el ser humano y la mente humana permite que la consecuencia kantiana de la alienación epistemológicadebe superarse por completo ”(Tarnas, 1996, p. 435).

Podemos reconocer la diferencia y celebrar la diversidad sin quedarnos atrapadosen la alienación de la separación. Las cualidades que definen la unicidad del “otro”surgen cuando el yo toma una perspectiva desde la cual “observar” el mundo. La separación percibida surge a través de una forma de ver, pero el mundo no deja deser íntegro. Todo es una expresión del proceso unificador, viviente, evolutivo y consciente que podemos elegir llamar Naturaleza, Universo, Dios, el Último, el Todo o el Uno. No hay nada fuera de él, ni en el espacio ni en el tiempo, ya que solo surgen através de una experiencia participativa de este proceso.

La percepción de la separación y la experiencia del yo y el mundo — sujeto y objeto — son propiedades emergentes válidas e importantes de nuestra participación en y como el Uno. Al aceptar la aparente paradoja de que en nuestra propia experienciade separación se encuentra la prueba de nuestra pertenencia, podemos aprender a celebrar la diversidad y la diferencia como expresiones de nuestra unidad subyacente. Para que el Uno se conozca a sí mismo tiene que dividirse para tener una perspectiva de sí mismo. Esta primera distinción hace posible la experiencia y la participación. Creamos la ilusión de nuestra separación como sujetos experimentadores enel mismo acto de relacionarnos con el proceso unificador al distinguir los objetosde nuestra experiencia. Precisamente porque podemos experimentar la naturaleza, somos parte de ella y no estamos separados de ella.

La percepción de la separación y la experiencia del yo y el mundo — sujeto y objeto — son propiedades emergentes válidas e importantes de nuestra participaciónen y como el Uno. Al aceptar la aparente paradoja de que en nuestra propia experiencia de separación se encuentra la prueba de nuestra pertenencia, podemos aprender a celebrar la diversidad y la diferencia como expresiones de nuestra unidad subyacente.

Podemos encontrar paz y descanso en la certeza de que con todo nuestro esfuerzo, el ir a alguna parte y la pasión creativa para cocrear una cultura regenerativa, estamos — en cada momento — llegando exactamente a donde necesitamos estar, la eterna transformación del ahora en el momento presente. Nuestro nivel de conciencia afecta el cómo percibimos este momento. Nuestra narrativa colectiva sobre quiénes somos y qué futuro queremos, afecta al futuro que surge.

El escritor francés Marcel Proust nos recordó que “el verdadero viaje del des- cubrimiento no radica en buscar nuevos paisajes, sino en ver con nuevos ojos”. El viaje hacia una cultura regenerativa trata de abrazar a la naturaleza como la base de nuestro ser, vernos a nosotros mismos y, por lo tanto, a todo con nuevos ojos.Una vez que lo hagamos, expresaremos nuestra experiencia de esta nueva relación íntima de pertenencia al Universo y a la Naturaleza de formas maravillosamentediversas y creativas.

“Porque la pasión más profunda de la mente occidental ha sido reunirse con la base de su propio ser. El impulso de la conciencia masculina de Occidente ha sido su búsqueda dialéctica no solo de realizarse, de forjar su propiaautonomía, sino también, y finalmente, de reconciliarse con el gran principiofemenino, y así redescubrir su conexión con el todo.”

— Richard Tarnas (1996, p. 443)

Nuestro camino hacia el futuro es de síntesis. Así como nuestra experiencia de un yo separado es lo que Einstein llamó “una especie de ilusión óptica de nuestra conciencia”, nuestra experiencia del tiempo también es una ilusión. Nos hace experimentar la transición hacia una cultura regenerativa como un viaje en el tiempo más que como una llegada a donde ya estamos: haciendo surgir un mundo, vivien-do las preguntas juntos.

[Este capítulo es un extracto del libro Diseñando Culturas Regenerativas de Daniel Christian Wahl, publicado en Castellano por EcoHabitar, 2020.]

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Daniel Christian Wahl — Catalizando la innovación transformadora frente a crisis convergentes, asesorando en el diseño de sistemas regenerativos completos, liderazgo regenerativo y educación para el desarrollo regenerativo y la regeneración biorregional

Autor del libro de renombre internacional Designing Regenerative Cultures(Triarchy Press, UK, 2016)

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Catalysing transformative innovation, cultural co-creation, whole systems design, and bioregional regeneration. Author of Designing Regenerative Cultures

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